Cuando el día empieza, y los matices anaranjados de un sol nuevo son el único color que existe hasta llegar al contraste blanco con negro durante todo el día, es cuando prestamos atención a cuánto han cambiado las cosas en tan poco tiempo. Al separar el cristal – fuertemente cerrado con pánico -durante el lapso entre esta bocanada de vida y el gris huérfano de caminantes, es cuando un suspiro escapa de lo más profundo, llevando dentro de sí una súplica hacia las estrellas que fundiéndose son testigo. Que todo vuelva a ser como era antes.
Debido a lo lejano que sonaba el viento trayendo malas noticias, continuábamos en nuestra ensoñación de lo cotidiano, y en cuanto esta tormenta finalmente tocó tierra nos negamos a aceptar la realidad; continuando sin dimensionar la profundidad de nuestros actos, razón por la que este martes, el vicepresidente de la República, Otto Sonnenholzner, advirtió tajantemente que se castigará con cárcel, de uno a tres años de prisión, a quienes incumplan las disposiciones adoptadas por el Gobierno en el marco de la emergencia sanitaria por COVID-19 en el país, donde registramos 168 casos, cerca del triple respecto al lunes.

“Si vamos con este nivel de aceleración y no lo frenamos, en dos semanas ya no hay camas” en los hospitales, dijo el vicepresidente. Y apuntó que “solo con autoridad y mano dura” se podrá superar la situación.
Conforme las horas son contadas, y los minutos se alargan indefiniblemente en este encierro de recién comienzo para algunos, la irrealidad de lo cotidiano es el hoy de muchos otros. Peregrinos modernos que marchan un sendero acelerado: autos transitando durante el toque de queda, reuniones sociales con una asistencia mayor a 30 personas, incorrecto o nulo uso de medidas preventivas, almas que continúan viviendo el día a día alejados de aquel lejano céfiro de crónicas.
Sin embargo, con el cierre obligatorio de locales comerciales e imposibilidad de libre tránsito, aún habitan caminantes, que, a diario recorren una larga galería inhóspita al compás de la necesidad.

Los comerciantes de pequeños negocios que ven esta sempiterna situación con la mirada enfocada hacia el vacío. Cientos de familias cuyo único sostén dependía de la venta de productos en estos pequeños locales alrededor de la ciudad. Éste es el caso de decenas y cientos de mercantes en la bahía, gran motor comercial en Guayaquil.
Y como este, existen cientos de testimonios de numerosas personas de diversas profesiones en un escenario insostenible. Asumiendo que al levantarse por la mañana deben caminar por una senda que serpentea entre matices de luces y de sombras, y anillos de dorados contornos dibujados por el sol al filtrarse sus rayos entre el ramaje de la frondosa arboleda urbana, transitando en rumbo a lo desconocido, en tener que quebrantar voluntariamente las medidas, en llevar dentro de sí, una súplica hacia las estrellas.
Fuente: Diario el Mercurio: ¿Por qué en Ecuador casi se duplican los casos de coronavirus en un día? https://ww2.elmercurio.com.ec/2020/03/17/por-que-en-ecuador-casi-se-duplican-los-casos-de-coronavirus-en-un-dia/;
Ecuador castigará con cárcel a quienes violen las medidas por el coronavirus. https://ww2.elmercurio.com.ec/2020/03/17/ecuador-castigara-con-carcel-a-quienes-violen-medidas-por-el-coronavirus/
Diario Expreso: La bahía bajo llave https://www.instagram.com/p/B92pf_FpcM-/
Esta es la clase de Artículos que debería promover la Universidad, felicidades. Que sigan adelante.
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