La identificación de factores de riesgo, etiológicos y desencadenantes permiten tener una mayor comprensión sobre los trastornos del espectro autista y su prevalencia. Así mismo, modelos estadísticos han demostrado que las bases genéticas constituyen el 56-95% en la aparición de un TEA, mientras que el contexto ambiental aportaría un porcentaje de 5 a 44% (Arberas y Ruggieri, 2019).
Según Reynoso, Rangel y Melgar (2017) “la etiología es multifactorial y, con frecuencia, los pacientes tienen antecedentes familiares de trastornos del desarrollo, así como historial de riesgo neurológico perinatal y epilepsia” (p. 214).
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