Todas las entradas por B. Méndez

Carta sin nombre

Si le viene bien, le ruego no publique mi nombre, ni mi confesión, tan solo busco desahogo, y tener una voz, de entre cientos y miles que se pierden en la noche. Yo no quería venirme a estudiar Medicina, no tanto por la distancia entre esta ciudad y la mía, o porque no me interesara en primera instancia aliviar el dolor y sufrimiento de la gente. Más bien, me es amargo entrar en un ámbito en donde estoy tan lejos de mi hijo, de sus primeros pasos, de su primer corte de cabello, de su primera palabra. Qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, a la lejanía, a las largas noches sin juntar los ojos, a levantarse temprano, a llorar por una baja calificación, a sufrir enteramente por perder un semestre y saber que esta melancolía se alarga cada vez más.

Cuando este escenario comenzó, a la primera oportunidad que tuve, salí corriendo a mi casa, muy a pesar de toda esta situación. Conforme pasaron los días, y el encierro se prolongó, empezaron a llegar las clases digitales. Salones virtuales en donde el profesor explica la materia lo mejor que puede, pero que yo no llego a entender, y me da mucho miedo preguntar o decir algo; en donde vivo con pánico que el internet empiece a fallar, mi micrófono no esté encendido, o que mi niño entre corriendo en la habitación, y empiece a destrozar las cosas o a jugar con mi cabello. Además de las clases, vienen las tareas, una por cada materia, con problemas o casos clínicos imposibles de resolver. Acertijos redactados con migajas de datos, que esperan a ser resueltos en un tiempo casi inhumano. 

Fue entonces cuando empezaron las publicaciones, las conversaciones, y la cascada de mensajes buscando una solución para las clases virtuales y esta cuarentena. A decir verdad, pienso que la tecnología está en mi contra, además de no entender toda la materia, siento que paso más tiempo haciendo deberes que escuchando la clase. Me hace falta caminar por los pasillos, y sentarme en una banca alrededor de mis amigos, con letras borrosas en un pizarrón, un profesor explicando y yo preguntando libremente. Me hace falta ir al hospital y hablar con el paciente, preguntar su día y pedir su permiso para explorar su cuerpo, saber de dónde viene, y si alguien le viene a visitar, usar el mandil y llegar corriendo a las clases. Míreme ahora, si le viene bien, con quejas y llantos, melancolías y días interminables, finalmente terminé amando el camino y la profesión. Y, aun así, a pesar de la nostalgia y la pena, quisiera prolongar el inicio de clases. Sé muy bien los riesgos que estamos teniendo, y lo difícil que será aprender en cuanto volvamos, pero quiero estar con mi niño, y poder verlo crecer.

¿Cómo podrán LOS PAÍSES DE AMÉRICA LATINA HACERLE FRENTE AL CORONAVIRUS?

En contraste con el resto del mundo, la pandemia ha retrasado su llegada al nuevo mundo, pero esta semana diversos ministerios de salud (entre estos Brasil, Chile y Ecuador) han anunciado el inicio de la transmisión comunitaria del virus, es decir, que ahora existe un contagio local entre personas que no han viajado a zonas de riesgo en el extranjero, ni han estado en contacto con personas provenientes de esas naciones. Significando de esta manera, que el aislamiento de la región hacia el exterior no será suficiente como medida preventiva. Los casos de COVID–19 continuarán su crecimiento.

Este tema es imperiosamente preocupante debido a que la región, a nivel institucional -como un secreto a viva voz- no está preparada para la propagación del virus, en donde se puede esperar un escenario aún más complejo que el europeo -donde hasta la fecha, se han registrado más de 190.000 casos y más de 10.000 muertes- e incluso, puede convertirse en la mayor afectada de esta situación, si no adoptan acciones inmediatas para fortalecer los sistemas de salud. Combatir una pandemia que afecta a una parte significativa de la población no solamente es cuestión de inversión, sino de un agresivo y eficaz re-direccionamiento de los recursos existentes para disminuir los efectos.

Casos globales de Coronavirus COVID-19 por el Centro de Ciencia e Ingeniería de Sistemas (CSSE) en la Universidad Johns Hopkins (JHU)

A diferencia de Estados Unidos, la mayor parte de los países latinoamericanos -de corte socialista- toman al tema de la salud como un derecho social garantizado por la constitución. Tal es el caso de México y Perú. Las constituciones ecuatoriana y venezolana van más allá y la establecen como “Derecho de todos y un deber del estado”. Sin embargo, cuando observamos la proporción de recursos que estos países asignan a la salud pública, es cuando caemos en la distancia abismal entre el dicho y el hecho.

De acuerdo con un estudio del Instituto de Estudios para Políticas de Salud (IEPS), centro de investigación independiente cuyo enfoque está en la creación de políticas públicas en Brasil, Venezuela destina el 1.7% de su PIB (Producto Interno Bruto) al sistema de salud público, México el 3%; en contraste, el promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) invierten 6.6%. Italia, actualmente el contexto más aterrador en relación al coronavirus, invierte el 6.7% de su PIB para salud pública. Por consiguiente, en Latino América la inversión en salud, de forma pública y privada, por habitante tiene un promedio de 949 dólares per cápita, cuatro veces menos que los países miembros de la OCDE, naciones de Medio Oriente y del norte de África.

Un trabajador del Ministerio de Salud de Guatemala ayuda a montar un hospital temporal para tratar posibles casos de Covid-19 en el país centroamericano.

La clara limitante de la oferta de estos servicios se agrava por el hecho de que Latino América presenta un panorama epidemiológico más complejo que otras partes del mundo. En la región se combina la prevalencia de enfermedades no transmisibles -características de países desarrollados- con enfermedades infecciosas de países en vías de desarrollo, junto con las víctimas de la violencia (el 33% de los homicidios registrados en el mundo tienen lugar en América Latina). Los sistemas de salud latinoamericanos tratan patologías completamente contrastadas -desde la hipertensión y la diabetes, al dengue y las secuelas de la violencia- y que requieren acciones de salud muy distintas.

A pesar de todo, es poco realista esperar que América Latina invierta más en los sistemas de salud. Antes del brote, las proyecciones indicaban un crecimiento económico muy bajo para la región por los próximos dos años. Actualmente se observa un re-direccionamiento de la oferta de salud y economía para enfrentar la nueva emergencia sanitaria. Esto significa que los gobiernos están movilizando recursos financieros o asistenciales suplementarios, solamente para tratar a los pacientes infectados con coronavirus, y podrían dejar sin esos recursos a otros pacientes. Dicha situación puede verse agravada si se superponen brotes de otras enfermedades infecciosas.

Si una parte significativa de la población es infectada, los sistemas de salud tendrán que elegir entre atender a las víctimas del COVID-19 o a los portadores de todas las otras enfermedades. Tal escenario es dramático y convertiría a América Latina en la mayor víctima del coronavirus.

Dos turistas se besan mientras esperan en el ingreso al tren del cerro Corcovado, para subir a ver la estatua del Cristo Redentor en Río de Janeiro, Brasil.

Fuentes:

  1. https://www.elcomercio.com/actualidad/otto-sonnenholzner-covid-pib-ecuador.html
  2. https://www.eluniverso.com/guayaquil/2020/03/23/nota/7792206/gobierno-ecuador-detalla-recursos-asignados-salud-emergencia
    https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-51713166
    https://elpais.com/elpais/2020/03/19/album/1584638071_330466.html#foto_gal_1
  3. https://www.nytimes.com/es/2020/03/22/espanol/opinion/coronavirus-venezuela.html?
    https://www.nytimes.com/es/2020/03/22/espanol/opinion/coronavirus-amlo.html?

DESHORAS

Cuando el día empieza, y los matices anaranjados de un sol nuevo son el único color que existe hasta llegar al contraste blanco con negro durante todo el día, es cuando prestamos atención a cuánto han cambiado las cosas en tan poco tiempo. Al separar el cristal – fuertemente cerrado con pánico -durante el lapso entre esta bocanada de vida y el gris huérfano de caminantes, es cuando un suspiro escapa de lo más profundo, llevando dentro de sí una súplica hacia las estrellas que fundiéndose son testigo. Que todo vuelva a ser como era antes.

Debido a lo lejano que sonaba el viento trayendo malas noticias, continuábamos en nuestra ensoñación de lo cotidiano, y en cuanto esta tormenta finalmente tocó tierra nos negamos a aceptar la realidad; continuando sin dimensionar la profundidad de nuestros actos, razón por la que este martes, el vicepresidente de la República, Otto Sonnenholzner, advirtió tajantemente que se castigará con cárcel, de uno a tres años de prisión, a quienes incumplan las disposiciones adoptadas por el Gobierno en el marco de la emergencia sanitaria por COVID-19 en el país, donde registramos 168 casos, cerca del triple respecto al lunes.

Los ciudadanos ecuatorianos salen a trabajar y se protegen con máscaras, como dijeron las autoridades en cumplimiento de las medidas de seguridad sanitaria emitidas en Quito, Ecuador.

“Si vamos con este nivel de aceleración y no lo frenamos, en dos semanas ya no hay camas” en los hospitales, dijo el vicepresidente.  Y apuntó que “solo con autoridad y mano dura” se podrá superar la situación.

Conforme las horas son contadas, y los minutos se alargan indefiniblemente en este encierro de recién comienzo para algunos, la irrealidad de lo cotidiano es el hoy de muchos otros. Peregrinos modernos que marchan un sendero acelerado: autos transitando durante el toque de queda, reuniones sociales con una asistencia mayor a 30 personas, incorrecto o nulo uso de medidas preventivas, almas que continúan viviendo el día a día alejados de aquel lejano céfiro de crónicas.

Sin embargo, con el cierre obligatorio de locales comerciales e imposibilidad de libre tránsito, aún habitan caminantes, que, a diario recorren una larga galería inhóspita al compás de la necesidad.

Los comerciantes de pequeños negocios que ven esta sempiterna situación con la mirada enfocada hacia el vacío. Cientos de familias cuyo único sostén dependía de la venta de productos en estos pequeños locales alrededor de la ciudad. Éste es el caso de decenas y cientos de mercantes en la bahía, gran motor comercial en Guayaquil.

Y como este, existen cientos de testimonios de numerosas personas de diversas profesiones en un escenario insostenible. Asumiendo que al levantarse por la mañana deben caminar por una senda que serpentea entre matices de luces y de sombras, y anillos de dorados contornos dibujados por el sol al filtrarse sus rayos entre el ramaje de la frondosa arboleda urbana, transitando en rumbo a lo desconocido, en tener que quebrantar voluntariamente las medidas, en llevar dentro de sí, una súplica hacia las estrellas.

Fuente: Diario el Mercurio: ¿Por qué en Ecuador casi se duplican los casos de coronavirus en un día? https://ww2.elmercurio.com.ec/2020/03/17/por-que-en-ecuador-casi-se-duplican-los-casos-de-coronavirus-en-un-dia/;
Ecuador castigará con cárcel a quienes violen las medidas por el coronavirus. https://ww2.elmercurio.com.ec/2020/03/17/ecuador-castigara-con-carcel-a-quienes-violen-medidas-por-el-coronavirus/
Diario Expreso: La bahía bajo llave https://www.instagram.com/p/B92pf_FpcM-/