SER ESTUDIANTE Y TAMBIÉN IR AL PSIQUIATRA

La vida académica para los estudiantes que inician una carrera universitaria constituye una secuencia de retos, la misma que deberá ser cruzada utilizando herramientas que permitan llegar a la adaptación a esta nueva etapa y el consiguiente logro de culminación de la misma. El rendimiento académico se mide cuantitativamente y certifica que el estudiante ha llegado o no a tener éxito en su labor. Según Garbanzo, los factores que influyen en la cantidad de rendimiento académico incluyen: motivación, asistencia a clases, inteligencia, aptitudes, formación previa a la Universidad, autoconcepto académico, entorno familiar, complejidad en los estudios, ambiente estudiantil, salud física, y el bienestar psicológico (1).

En un artículo publicado por la Revista Latinoamericana de Políticas y Administración de la Educación, se narran algunos de los desafíos que enfrentan los estudiantes de la facultad de filosofía y letras de la UNT, que no son indiferentes a los que se presentan en cualquier otra, entre ellos están: enfrentarse a la masividad de personas genera un sentimiento de soledad al menos en el primer año de estudios, reconstruir una rutina diaria, espacios donde permanecer entre horas de clases, la dinámica entre pares, la cantidad de tiempo que deben invertir en sus estudios, la distante interacción con los profesores en algunos casos debido a la cantidad de estudiantes que genera un sentimiento de “ser un número más”, la dificultad para organizarse, la responsabilidad que implica ser autónomos y a la vez dependientes (2).

A los factores mencionados se suma la autopercepción que según Edel, clasifica a los estudiantes en 3 tipos: los que se consideran capaces, tienen éxito, motivación y confianza en sí mismos; los derrotistas desesperanzados que renuncian a esforzarse; y los que para protegerse ante el fracaso no tienen una adecuada participación en las actividades académicas (3).

Después de hablar de lo que prácticamente es un combate entre el estudiante y su vida como tal, parecería que faltan aún más dificultades por mencionar que de seguro es posible encontrar en otros archivos, pero el objetivo del presente escrito se orienta a la siguiente pregunta ¿Qué ocurre con aquellos que teniendo problemas de salud mental crónicos ingresan a un ambiente tan exigente como lo es la universidad?

“Los trastornos mentales se definen como un deterioro en el funcionamiento psicológico, que se desvía de los parámetros que se conocen como normales dentro de una sociedad”, según Sánchez, et al. Es posible detectarlos mediante la práctica clínica ya que se manifiestan con la pérdida del bienestar individual, psicosocial y deterioro en ámbitos importantes para el individuo tratado, como el laboral o académico (4,5).

Para hablar de trastornos mentales como una desviación de la norma es importante mencionar criterios de normalidad y anormalidad, a grandes rasgos estos son mencionados en la tabla 1. Para definir la normalidad de una conducta, esta debe ser analizada en el contexto que se produce, por ejemplo: una respuesta culturalmente aceptada a un acontecimiento particular como la muerte de un ser querido, no es parte de un comportamiento de un trastorno mental propiamente dicho, así como la ansiedad que se genera durante una semana de exámenes finales no representa una patología (5).

Tabla 1
Fuente: (5)

Los distintos trastornos que afectan la salud mental del individuo con la posibilidad de somatización, interfieren en diferentes áreas de la vida, entre ellas por supuesto, la parte académica en el caso de los estudiantes.

Tener un trastorno mental influye en “el pensamiento, la emoción, la motivación, la conciencia, la conducta, la percepción, el lenguaje, etc. Ello dificulta el funcionamiento diario y la adaptación en el entorno cultural y social en el que se vive, pudiendo llegar a constituir una discapacidad” (6).

Los sistemas de clasificación DSM y CIE emplean el término trastorno, sin embargo, hay quienes consideran que los trastornos son enfermedades como otra cualquiera. Pero los trastornos psicológicos no son enfermedades, ya que estas últimas provienen de causas orgánicas que tendrán una evolución previsible, mientras que los trastornos no son algo fijo como una enfermedad, sino que es susceptible a cambios. A pesar de esto, los términos pueden superponerse de acuerdo a las características específicas del individuo, dejando un problema mixto (7).

La enfermedad mental se considera una discapacidad por causa mental e incluye trastornos mentales orgánicos, psicóticos, del estado de ánimo, de ansiedad, esquizofrenias, adaptativos y somatomorfos, disociativos y de personalidad, siempre que afecten personal, laboral y socialmente al individuo.

Los estudiantes con trastornos mentales pueden tener problemas de atención, concentración, motivación, memoria, toma de decisiones, relaciones sociales, cambios súbitos en actividades o rutinas, recepción de críticas, aceptación de la autoridad, gestión de plazos y de prioridades. Las barreras que enfrentan, entre otras, son la dificultad de adaptación, enfrentar prejuicios, estrés, y aquellas derivadas propiamente de los síntomas de su discapacidad y de la medicación si es el caso (6).

En el caso del TDHA (Trastorno por Déficit de Atención con y sin Hiperactividad) solo terminan los estudios universitarios entre el 5 y el 10% de las personas diagnosticadas (6).

Para aquellos con trastornos generalizados del desarrollo, como el síndrome de Asperger o el trastorno del espectro autista, son más propensos a padecer estrés y ansiedad, dificultades para adaptarse a los ritmos cambiantes de la universidad, dificultades de coordinación, entre otros.

La ansiedad y la depresión pueden generar bajo rendimiento académico, absentismo e irresponsabilidad que se convierten en un círculo vicioso y puede llevar a abandonar los estudios.

En un estudio realizado en universitarios con problemas de salud mental, se obtuvo que de los 61 participantes: 51% finalizaron su carrera, 24% siguen en desarrollo y 20% abandonaron. Entre sus temores frente a la academia están el miedo a reprobar, no lograr seguir el ritmo, y el estrés. Cuando se les preguntó a los técnicos que trabajan con estas personas mencionaron que es más probable que empeore su enfermedad debido a la frustración y el estrés que genera la exigente vida universitaria, pero ello no significa que deban abandonar sus estudios, si no que la forma de cursarlos es empoderarse con su enfermedad (6).

Un estudio realizado en la ciudad de Cuenca a 362 estudiantes de la Universidad del Azuay mediante la utilización de la escala de Hamilton concluyó que la prevalencia de depresión hallada fue de 36.27%, la depresión leve fue la más frecuente con un 25.5%, y 16.1% presentaron depresión mayor (8).

Otro estudio acerca de la prevalencia de los trastornos de ansiedad en internos de la carrera de medicina de la Universidad Católica de Cuenca arrojó datos que indican que, de los 105 internos, las mujeres (61) presentan un mayor porcentaje de ansiedad con un 58,1% (9).

Los mencionados estudios nos permiten conocer la prevalencia y factores asociados de trastornos como la ansiedad y depresión, pero ¿Cuántas de estas personas tienen un diagnóstico profesional? ¿Cuántas tienen una patología crónica? ¿Cuántas reciben terapia? ¿Reciben ayuda farmacológica? ¿Qué factores les permiten continuar con sus estudios y no abandonar?

Por otra parte, es necesario que se amplíe la investigación a otros trastornos, ya que, si bien la ansiedad y depresión son más frecuentes, estos incluso podrían ser parte de otros trastornos mayores.

La investigación permitiría obtener una estimación de la cantidad de personas que viviendo con un trastorno diagnosticado son capaces de desenvolverse, de la manera que fuera, en la vida universitaria. Esto no cambiaría las situaciones de esos estudiantes, pero sí dejaría saber a quien lo lea, que existen y que se empoderan con su enfermedad, esto no con el objetivo de llegar al conocido fenómeno del siglo XXI de “romantización de las enfermedades mentales”, si no para generar interés en aquellos que dudan en visitar a profesionales de la salud, los mismos que son capaces de hacer un diagnóstico válido y así, quizás sea posible disminuir el número de estudiantes con sentimientos de vacío, fracaso y desesperanza por el futuro, que se sienten inferiores por alejarse del punto de la norma, pero que necesitan obtener herramientas, que les permitan en conjunto con su enfermedad, atravesar una de las partes más importantes y largas del ser humano, la vida estudiantil.

Referencias bibliográficas

  1. Garbanzo, G., 2007. Factores asociados al rendimiento académico en estudiantes universitarios, una reflexión desde la calidad de la educación superior pública. Revista educación, [online] (1), pp.43-63. Available at: <https://www.redalyc.org/pdf/440/44031103.pdf&gt; [Accessed 17 July 2021].
  2. Gunset, V., Abdalá, C. and Barros, M., 2017. Masividad y vida cotidiana de los estudiantes: el desafío de lograr permanecer en la Universidad. Revista Latinoamericana de Políticas y Administración de la Educación, [online] (6), pp.29-38. Available at: <http://revistas.untref.edu.ar/index.php/relapae/article/view/39/20&gt; [Accessed 17 July 2021].
  3. Edel, R., 2003. El rendimiento académico: concepto, investigación y desarrollo. REICE, [online] (2), pp.2-14. Available at: < https://www.redalyc.org/pdf/551/55110208.pdf > [Accessed 17 July 2021].
  4. Sánchez-Marin C, et al. 2016.Trastornos mentales en estudiantes de medicina humana en tres universidades de Lambayeque. Rev Neuropsiquiatr , [online] (4), pp.1-8. Available at: < http://www.scielo.org.pe/pdf/rnp/v79n4/a02v79n4.pdf > [Accessed 17 July 2021].
  5. 2009. Manual del residente en psiquiatría. 1st ed. Madrid: ENE Life Publicidad S.A. y Editores. Available at: < http://www.sepsiq.org/file/Publicaciones/Manual_Residente_Psiquiatr%C3%ADa2.pdf > [Accessed 17 July 2021].
  6. 2013. GUÍA PARA EL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO CON TRASTORNO MENTAL. 1st ed. Barcelona: Observatorio Universidad y Discapacidad, pp.15-37. < https://consaludmental.org/publicaciones/Bienestarpsicologicorendimientoacademico.pdf > [Accessed 17 July 2021].
  7. Marta, M., 2018. Diferencia entre enfermedad mental y trastorno mental. [online] psicologia-online.com. Available at: <https://www.psicologia-online.com/diferencia-entre-enfermedad-mental-y-trastorno-mental-3917.html&gt; [Accessed 17 July 2021].
  8. Guzmán, N., 2017. PREVALENCIA DE TRASTORNOS DE ANSIEDAD Y FACTORES ASOCIADOS EN INTERNOS DE PREGRADO DE LA CARRERA DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CUENCA. ENERO – JULIO 2017. [online] Available at: <http://186.5.103.99/bitstream/reducacue/7550/1/9BT2017-MTI78.pdf&gt; [Accessed 17 July 2021].

2 comentarios en “SER ESTUDIANTE Y TAMBIÉN IR AL PSIQUIATRA”

  1. Lo importante es que cada estudiante tenga bien clara su meta, y pueda llegar a ella aún con los problemas que estén, buscar la ayuda espiritual, profesional, familiares t sobre todo autoestima para alcanzar el éxito en lo emprendido.

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