
Hace algunos días, los COEs cantonales tomaron la decisión de cambiar el color del semáforo de rojo a amarillo en varias ciudades. Con esto se disminuye de forma considerable las restricciones que se tenían para controlar la propagación del COVID-19. Algunos lugares como Aguarico en Orellana o Daule en Guayas, han pasado ya a verde, este lunes 1 de junio. Pero, ¿se encuentra Ecuador listo para pasar a esta siguiente fase? Es lo que muchos se han preguntado. ¿Cuáles son los riesgo que este cambio de semaforización podría tener?
En ciudades como Cuenca, ya se han abierto algunos negocios. Y se puede observar personas (no pocas) transitando con bastante normalidad. Sin embargo, los servicios de salud aún se encuentran copados de pacientes infectados.
Tal parece que mientras más pasa el tiempo, y mientras más se debilita la economía global e individual, la enfermedad pasa a transformarse en una suerte de riego-beneficio. ¿Hasta qué punto un grupo familiar puede sostener su integridad en un escenario que no escatima gastos y en el cual los ingresos son escasos? Parece ser que hemos llegado ya a ese punto. Esto resulta ser cierto sobre todo para las familias más desfavorecidas. Cada salida en busca de restaurar una economía que palidece, es semejante a una ruleta rusa; una lotería inversa en la que todos participan y cualquiera puede perder.
Es temprano aún para afirmar si las decisiones tomadas por las autoridades han sido las más acertadas o no. Sin embargo, varios expertos en el tema, aseguran que es muy probable que en los próximos días veamos un aumento súbito del número de casos. Este es el momento en el que se pondrá a prueba la eficiencia y la capacidad de nuestros sistemas de salud, así como la adaptabilidad de otros sistemas, tales como el económico, político y de justicia.
No obstante, también es cierto que las cifras de los próximos días dependen en gran medida de los hábitos de distanciamiento e higiene personales. Y también, de la efectividad de los protocolos instaurados por negocios, empresas y municipios, para la llamada «nueva normalidad».