
Llama la atención escuchar a los estudiantes de medicina quejarse constantemente de la carga académica y de las actividades por realizar. No es infrecuente escuchar a un estudiante de medicina decir que no tiene tiempo para la familia, los amigos o para hacer lo que le gusta. Esta situación conduce a que muchos de ellos abandonen sus pasiones y habilidades en áreas diferentes a la cátedra de medicina, tales como las artísticas (música, escritura, danza, teatro) o las deportivas.
No es inusual encontrar en la historia médicos que han compartido su vida profesional con el desarrollo de diversas expresiones artísticas. Desde Jan Van Calcar y Andreas Vesalius con su «De Humani Corporis Fabrica«, hasta el mismísimo Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo y todas sus obras.
Algunos de ellos terminan dedicándose más a una determinada pasión artística que a la medicina, especialmente cuando el éxito es tal que les permite vivir de su talento. Pero, quizás, la mayoría decide asumir las inclinaciones artísticas como un hobby y no una opción de vida.
Hemos aprendido que el cuerpo humano se compone de tejidos y que los tejidos se componen de células. Aprendimos de Eritrocitos, Linfocitos, Hepatocitos, Neuronas, Anticuerpos, Antígenos, Vacunas. Aprendimos a identificar personas sanas y personas enfermas. Aprendimos a realizar mil pruebas, entre PCR’s y Baciloscopias, entre Cultivos y Antibiogramas. Desarrollamos nuestras habilidades en un ambiente técnico, práctico. Pero, de a poco, el arte que alguna vez fue parte de nosotros, con los años, palidece. Bienvenida sea la frase «…el que solo de medicina sabe, ni de medicina sabe».
La importancia del desarrollo artístico en un médico es más trascendental de lo que se piensa. Es verdad que al enfermo no le interesa que le trate un médico artista, al contrario, para el paciente es fundamental que le resuelva su problema de salud con eficiencia. Pero si además, se dedica a las bellas artes, podrá obtener de él un mayor grado de recomendación, comprensión, mayor nivel de confianza, o como mínimo una conversación agradable durante las consultas.
A las buenas ideas hay que saber atraparlas. Nunca sabe uno cuándo llegará una idea que cambie el rumbo de la historia. Y esas ideas deben ser recreadas y expresadas de mil formas, de la manera que más pasión inspire en su poseedor. Las ideas, si se trabajan se vuelven arte, otras, ciencia. No están entonces ciencia y arte distantes, como la rutina nos lo ha obligado a creer; sino que se encuentran entrelazadas como dos caras imperiosas de la Facultad misma de seres humanos. Así, mientras una se desarrolla, la otra crece en iguales proporciones. Y si una es dejada de lado, el camino de ambas se ensombrece.
Como (futuros) médicos, conocemos la estructura del cuerpo humano; tejidos, órganos, sistemas. Sabemos de la relación que existe entre estos. Sabemos lo que pasa si alguno llega a fallar, y más aún, conocemos cómo solucionarlo. Lo aprendido en la Facultad se limita a eso. Carne, hueso, fluidos, reactivos, farmacéutica. Hemos aprendido de síndromes, de diagnósticos, de guías y de manuales. Pero las pizarras y las presentaciones llegan hasta ahí.
Lo propio, debe ser cultivado. Todos nacemos con un potencial creador. Un niño es atrevido, incauto. Expresa lo que siente sin importar las repercusiones que eso pueda traer. Algo tan básico, algo tan arraigado en nosotros, innato. Eones de evolución nos formaron de esa manera. Sentir. Expresar. Es la sociedad y la estructura en la que nos movemos día a día, la que se encarga de robarnos, de a poco, esa capacidad de hacer «lo que nos da la gana» (en el buen sentido). Perdemos nuestra autonomía y nos sometemos a reglas que se establecieron cuando ni siquiera nacíamos. La estructura social y los sistemas económicos mandan, nosotros solo obedecemos. No hay arte en ese sistema. Carece de creatividad.
Volvamos entonces a darle a nuestra alma la importancia que tuvo en algún punto de la historia. No hay carrera tan noble como la Medicina. Vivimos en un mundo profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología. Es nuestra obligación descubrir los secretos de la ciencia. El método científico fue la raíz de grandes descubrimientos e invenciones. Como académicos que somos, nos vemos profundamente atraídos por la investigación, por lo nuevo. Pero, no dejemos en un baúl nuestras aptitudes artísticas. Antes de ser médicos fuimos humanos. Después de todo, un verso literario, una pintura colorida, una melodía agradable, entre mil maneras de expresar nuestras emociones, serán prueba de que un día estuvimos aquí, y tuvimos pasiones.
Por Javier Santiago Alvarez G.