Cuando todo pase no quiero volver a la normalidad que tanto anhelamos y que tanto mal nos hace.

Al inicio de la cuarentena lo que más esperábamos era que todo vuelva a ser como antes, pero en el transcurso nos damos cuenta que los cambios se están dando mientras se vive el confinamiento.
La naturaleza se ha recuperado, nos hemos vuelto más humanos, más conscientes de lo que realmente necesitamos. Sin embargo, hay cambios que se dan de un momento a otro, como el recorte presupuestario a las universidades públicas del país. Esto refleja que no todo está cambiando para crear soluciones, ahora cargamos con un problema que sin duda dentro de pocos años las consecuencias se verán evidenciadas en el retroceso del país. Nos están limitando los medios y recursos necesarios para el crecimiento de la sociedad: La Educación.
Imaginemos a la educación como la base de un edificio el cual constituye los cimientos para poder llevar a cabo la construcción de los siguientes pisos, que en su conjunto es la sociedad. Si no hay educación las consecuencias derivan en el incremento de la pobreza, corrupción, falta de ética, sistemas de salud, políticos y económicos deficientes e irresponsabilidad ambiental, por mencionar unos pocos.
Al ser nuestra Universidad una entidad pública a lo largo de toda su historia ha tenido que lidiar con un sinnúmero de leyes y políticas que han puesto en riesgo a la institución. En nuestro caso la disminución del presupuesto fue de $ 5 546 702, con este recorte indudablemente las actividades académicas se verán afectadas, entre ellas se tendría que despedir a 400 profesores según el rector, Pablo Vanegas.


Actualmente, confinados, sin poder salir a reclamar nuestros derechos como colectividad, una vez más el recorte presupuestario nos traerá muchos más problemas de los que estamos intentando solucionar, no hay excusa que lo justifique y si la hubiera la educación del pueblo no se toca, no se negocia, no se limita. Es por lo que estudiantes, profesores y autoridades se unen ante esta lucha para demostrar que, si bien no podemos salir a las calles a reclamar nuestros derechos, no podemos dejarlo pasar por alto.
Dada la situación que se vive por la pandemia del coronavirus hemos abierto los ojos y razonado que las decisiones tomadas han demostrado la falta de criterio y visión de quienes nos gobiernan. Debemos mantener nuestra lucha para que la educación no sea vista como un privilegio, la educación es un derecho y tenemos que exigirlo.