Carta a la gente común

Quiero hablar con esas bandas musicales de último minuto, con los cantantes anónimos, los escritores con mala ortografía, los fotógrafos de celular, los actores de la vida diaria, los artistas del maquillaje, los dibujantes en hojas de cuadros, que caminan diariamente a través de pasillos sin fin, toman asiento en aulas sin eco, mirando el universo con otros ojos.

Bebiendo a la luz de la luna, con el eco de un rumor de voces narradoras que recorren las pantallas y nos recuerdan que en nuestro mortal mundo habitan estrellas glamurosas, que caminan en alfombras rojas, que crean obras maestras e interpretan vidas prestadas, es como el actual universo creativo en el que vivimos cada día se siente. Cosmos artístico que también es habitado de manera local, por destacadas figuras – cuyas historias hemos sentido a pulso entre esta grafía virtual – véase músicos, artistas, emprendedores, educadores…

Y nosotros las sentimos así, como estrellas en un firmamento que brillan con mayor o menor intensidad, mientras nos recluimos en una oscuridad que sirve de fondo; en estadísticas que explican que uno de cada diez personas tienen un talento artístico, siendo que nosotros somos parte de esos nueve espectadores.

En 1962, Andy Warhol, pionero del arte pop, introdujo la colección de sopas Campbell (Sopas enlatadas de pollo) hacia el mundo artístico, concluyendo que incluso los elementos más banales e incluso vulgares de la vida diaria, pueden convertirse en arte.

Audiencia pues, es lo que somos, recluidos por miedos, inseguridades, prohibiciones, reglamentaciones, enmascarados bajo la premisa de la apatía, la pereza o la falta de una voluntad para enseñar al mundo que somos igual o más creativos que aquellos individuos que actúan, pintan, componen música, cantan, bailan, escriben, dibujan.

Quiero hablarte directamente a ti, querido lector, al individuo, al corazón, a esas manos, a esa mente.

Quiero platicar con la gente común.


Con el estudiante que en sus tiempos libres dibuja el cielo nocturno y diurno, aquel que habla sobre colores, nubes y sueños. El muchacho que, con sus ojos tristes, y sus horas divididas entre estudio inalcanzable y preocupación por el futuro, encuentra tiempo para seguir retratando entre sus cuadernos de clase, cómo ve el mundo.

Con aquella chica, que cuando habla en clase trata con todas sus fuerzas de no formar una rima tan general en su naturaleza. Una poetiza que traza con su corazón un verso mientras camina por la universidad.

Con el baterista de la vida, aquel que marca compases con sus pasos. El sujeto que no puede vivir sin música y camina todos los días utilizando audífonos y se emociona cada vez que alguien habla sobre lo que a él le apasiona.

Con el cineasta que lo mira todo desde otra óptica, en donde, con una cámara a través de sus ojos, la fotografía de la vida y el movimiento de lo real se funden y convergen en miles de imágenes y recuerdos grabados a flor de piel, en una prodigiosa memoria sin final.

No se den por vencidos, no se ahoguen en un mar monocromático, no se dejen arrastrar hacia una vida enclaustrada en donde no pudieron enseñar sus corazones al universo. El mundo los necesita, su luz y oscuridad, su semblante y luminiscencia, su orgullo y su prejuicio. Necesitamos de nuevas luces, nuevas voces, nuevos bailes, tonadas y melodías. Distintas formas de ver la vida, diferentes palabras que conformen el día a día, un cielo con otra mirada, paso a paso, nota a nota.

Espero, quizá, que esos nueve espectadores y estadísticas resplandezcan en aquel segundo plano, con nuevas historias, dibujos, fotografías y colores. Espero, quizá, que en un futuro el firmamento y las estrellas, estén formadas todas de gente común.

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