Lo que más extraño es un abrazo. Un beso, una caricia, el simple roce de los dedos con los ajenos, el suave tejido sentimental que provoca el aura de una buena conversación frente a una taza de café, en medio de una tarde de lluvia.
Y no soy el único que lo vive – o lo malvive – alrededor de este polvo de estrellas cósmico que llamamos planeta. El contacto social es parte fundamental del ser humano, y así como todo el mundo tiene un ser amado, y cada ser amado tiene un mundo, en el escenario actual la baraja ha cambiado a un tinte más led, con pantallas en lugar de labios, y con teclados en lugar de manos. Pero el sentimiento siempre ha sido el mismo.
Es así, como el dicho que la tecnología nos separaba cada vez más los unos de los otros, actualmente se ha convertido en todo lo contrario. A través de monitores y celulares, las nuevas postales viajan alrededor del globo, uniéndonos los unos con los otros. Con el aislamiento, el miedo y la inseguridad que sigue el mundo, retratar a amigos y familiares, congelando el tiempo, creando un mosaico de voces y testimonios nos dan una esperanza, un aliento de empatía y narrativa visual.
Hay cosas que no deberían cambiar, cosas que uno debería poder meter en una de esas vitrinas de cristal y dejarlas allí tranquilas. Sé que es imposible, pero es una pena.









Todas estas grandiosas imágenes fueron tomadas por el narrador visual: Alessandro Bo Rohde : instagram.com/killbo/?hl=es