
Todos, alguna vez hemos escuchado hablar de Matilde Hidalgo Navarro, ilustre mujer Lojana, adelantada a su época, que dedicó su vida entera a romper techos de cristal. Quien ha servido como fuente de inspiración para varios ecuatorianos, gracias a su pasión y ansias de superación, donde nunca se vio marginada por los prejuicios sociales, en una era en la que los hombres predominaban en espacios de poder, incluyendo el privilegio de obtener una educación superior.
Hidalgo se abrió paso en una sociedad ultra conservadora, quebrantando todos los paradigmas con gran tenacidad. Es así pues, que desde el sentido común plasmaría sus ideales, convirtiéndola en la primera mujer estudiante de medicina en nuestra querida Alma Mater y en el país, obteniendo su licenciatura en medicina con honores en 1919, posteriormente culminaría su doctorado en medicina en 1921. También fue pionera en la lucha por los derechos para las mujeres y como fruto de su arduo trabajo en 1924 se transformaría en la primera mujer en votar en una elección nacional en Ecuador y América Latina; así pues su más grande legado que trascendería en la historia del país, sería garantizar el sufragio femenino. Más tarde, en 1941 se convertiría en la primera mujer en ocupar un cargo público.
Uno de los aspectos menos conocidas de Matilde es la vertiente literaria; en donde la poesía fue su refugio, las letras su confidente, pero sobre todo, el reflejo de sus ideales. «El deber de la mujer» es un poema que incita a la rebeldía, en que plasma sus deseos de libertad, su deseo de superación y su amor por la ciencia.
EL DEBER DE LA MUJER
La mujer es templo místico
donde se encierra la esperanza
que la patria en lontananza
ha alcanzado a divisar
Mas, para que sabiamente
llene su misión divina,
debe vagar peregrina
por la azul inmensidad…
No contentarse tan sólo
con el rosario en la mano
y el breviario del cristiano
querer la vida pasar.
Es preciso al pensamiento
remontarle a las regiones
donde se hallan instrucciones
que la Ciencia suele dar.
Es preciso abrirse paso
entre envidia y mezquindades
y burlando tempestades
dedicarse ya a estudiar
El estudio sublimiza
enaltece y dignifica;
es la Ciencia la que indica
los medios de progresar
Con ella podrá cumplirse
misión tan noble y sagrada
y ofrecer mejor morada
a Dios, la Patria y Hogar
Loja, 1912.
Referencias bibliográficas:
1. Benitez C., Matilde Hidalgo, La Mujer que creyó en los derechos de las mujeres .
2. Estrada J., Una mujer total Matilde Hidalgo de Procel. Biografía y Poemario, 5ta Ed. Guayaquil, 1997 p. 184-185.