Cuenca goza de tradición mariana, como lo demuestra esta fotografía tomada en mayo de 1916 en el entonces local Universitario junto a la Iglesia de Santo Domingo.

En la Facultad de Ciencias Médicas, el Anfiteatro Anatómico, como lo señala el Dr. Guillermo Aguilar Maldonado, recibía los cadáveres no reclamados que los amigos estudiantes traían desde la “Sala de Profundis”, un lugar tétrico situado en la parte posterior del Hospital de Cuenca o de “San Vicente de Paúl”, en donde habían permanecido durante tres días y no encontraban familiares o conocidos para que los reclamen y les den sepultura. Como Monseñor Luis Alberto Luna Tobar repetía en sus varias homilías durante la Eucaristía a la Santísima Virgen del Anfiteatro: “el que murió en soledad y abandono… ese organismo dispuesto a ser partido, a rebuscar las razones de su anonadamiento de parte de una técnica que acaso no le brindó nunca argumentos para valorarse, y tal vez le asistió siempre con el frío del reparo social”.
En el año de 1916, el profesor de Anatomía y a su vez Decano de la Facultad, Dr. Ignacio Malo, obsequia una oleografía con la efigie de la Virgen Dolorosa destinada a presidir la sala de disección y clases de Anatomía en el local de la Facultad recién estrenado de la Avenida 12 de Abril, un poco antes de su intersección con la hoy Avda. Fray Vicente Solano. Este edificio actualmente corresponde al Museo Universitario y la Unidad de Cultura de la Universidad de Cuenca.

Su colocación fue un verdadero acontecimiento al cual asistieron miembros de la iglesia local, autoridades, profesores y estudiantes de la Facultad de Medicina y de la Universidad de Cuenca. La primera misa de posesión oficial de la Escuela de Medicina se ofició en la capilla del Hospital San Vicente de Paúl, luego de la cual, en solemne procesión, fue traslada a la sala de Anatomía de la Facultad.
En 1936, el cuadro fue objeto de irrespeto por parte de un par de estudiantes, relata el Dr. Aguilar, que le pintaron bigotes, gestos de horror en el rostro. Este hecho fue comentado por Octavio Sarmiento en su libro: “Cuenca y Yo”, bajo el epígrafe “Desacato a la Virgen del Anfiteatro”.
Existen reportes del Dr. César Hermida Piedra de que los estudiantes, como parte del desagravio, llevaban flores desde la casa del profesor Dr. Enrique Ortega hacia la Facultad, en un acto recordado como “Flores Sabatinas” en el mes de Mayo, mes de la Virgen.
El cuadro fue reparado, y en el año de 1947, estudiantes, empleados y docentes deciden realizar un acto público de celebración, se enmarca en madera la iconografía y se oficia la primera misa en honor de la “Virgen del Anfiteatro Anatómico”, y en sufragio de las almas de los fallecidos anónimos que sirvieron y sirven como material de estudio para los futuros médicos de la ciudad. Esta propuesta fue bien recibida por el Rector de la Universidad, y se decidió celebrar la misa en el mismo Anfiteatro.
La misa revestida de solemnidad fue celebrada por quien llegaría a ser el primer Arzobispo de Cuenca, Monseñor Manuel de Jesús Serrano Abad, se repartió una fotografía de la imagen de la Virgen realizada por el estudiante Enrique Sánchez Orellana en el taller de su padre Don José Salvador Sánchez; cada recuerdo iba acompañado de un adorno floral hecho por las madres, hermanas o amigas de los estudiantes; una vez terminada la Eucaristía se abrió una exposición tipo “Casa Abierta” en la cual fueron exhibidos trabajos de disección, al público presente.
Los estudiantes de la promoción de 1950, por sugerencia de Miguel Tenorio, acompañados del Dr. César Merchán, consiguieron un marco de plata que enmarca el cuadro original y que se conserva hasta la actualidad.
La tradición mariana de Cuenca en los versos y la devoción por la Madre de Dios, se expresan en las Rosas de Mayo, poemarios aparecidos por vez primera dedicados a la Santísima Virgen en la advocación de la “Sede Sapientae” o “Sede de la Sabiduría”, que en 1904 el Rector Dr. Honorato Vásquez designa para que la Reina de la Sabiduría presida y proteja los avatares de la comunidad universitaria de Cuenca. En la Facultad, el primer poema data de 1956 y es compuesto por Luis Cordero y se titula: “A la Soberana Madre de Dios”. Se escribieron poemarios hasta el 2002.

Se debe recordar al conserje del anfiteatro Sr. Rafael “Rafiquito” Gómez y su esposa Sra. Rosa Suscal, quienes fueron los mantenedores de la tradición de la Misa, la impresión de las estampitas, los arreglos florales, la banda de pueblo. En los inicios colaboraron las Hermanas de la Caridad del Hospital San Vicente; con el traslado de la Facultad al edificio de El Paraíso, Rafiquito fue el responsable del altar de la Virgen ubicado en la parte posterior de las salas del Anfiteatro, esta vez junto a un hermoso jardín.
Son recordados los sermones de Monseñor Luis Alberto Luna Tobar, III Arzobispo de Cuenca quien acompañaba con su prédica y palabra certera en la Misa de Mayo a la Virgen del Anfiteatro, en donde “el pintor, interpretando la torturada mentalidad del que murió en soledad y total abandono, fijó los ojos de la Madre Dolorosa sobre ese cuerpo sin reclamo, sobre esa mirada sin respuesta viva, sobre ese organismo dispuesto a ser partido…”
Rafiquito sufrió un accidente justo en la semana de la Misa en honor de la Santísima Virgen, sus compañeros empleados y trabajadores completaron la tarea. Luego de su jubilación, Don Deifilio Suscal heredó, en el 2002, el Anfiteatro y la tarea de llevar adelante los preparativos para la Misa, el desayuno, la banda de pueblo, los recuerdos y decorados; esta titánica tarea requiere un apoyo mayor, es así que la Asociación interna de trabajadores de Ciencias Médicas toma a cargo la organización de este ya tradicional evento.
DAB

