‘La práctica de la medicina es un arte, no un comercio; una vocación, no un negocio; una vocación en la que hay que emplear el corazón igual que la cabeza. Con frecuencia lo mejor de vuestro trabajo no tendrá nada que ver con pociones y polvos, sino con el ejercicio de la influencia del fuerte sobre el débil, del justo sobre el malvado, del prudente sobre el necio…’
William Osler, año 1903, ‘La palabra clave en medicina’

Desde la antigua Grecia, Sócrates, Platón o Jenofonte utilizaban el término ‘frónesis’ para expresar ‘espíritu, inteligencia, propósito, buen juicio, confianza en sí mismo’. Pero a partir de Aristóteles adquiere un nuevo significado que ya engloba no tan solo una comprensión teórica, si no un entendimiento práctico donde se hace necesario poseer un buen juicio, un buen temple para saber elegir aquello que resulte conveniente y así poder mantener la felicidad.(1)
En la actualidad tanto los médicos, las enfermeras, en si todos los profesionales de salud asumen su responsabilidad ante el enfermo basándose en la ética, que afortunadamente se mantiene próxima a la frónesis de Aristóteles. A partir de estas reflexiones se puede ver a la medicina como una ciencia que para ser útil requiere del arte médico para aproximarlo al paciente. Arte netamente entendido como un no al reduccionismo y dogmatismo y un sí a la apertura de la singularidad de cada ser humano.(1)
El arte médico entonces, consiste tanto en la determinación de las causas ‘científicas’ de las dolencias, como en la comprensión de la situación del paciente. Según Hipócrates ‘El oficio es duro y el arte es difícil’. La medicina se basa en la ciencia que tiene que probar y comprobar, que es fría, estricta y precisa, pero el arte expresa emociones, sentimientos, es amplio y carece de limitaciones. En este contexto independientemente de las definiciones tan heterogéneas, existe la práctica médica, donde la aproximación del conocimiento científico al paciente, precisa del arte médico para su buena aplicación.
Desde el momento donde se forja la atmósfera terapéutica, es donde reside el componente artístico del arte médico. El arte posee dos fines fundamentales: transmitir sentimientos y emociones, donde en la práctica médica está presente cuando el profesional de salud busca que el paciente perciba el afecto que este le profesa y el interés que tiene en ayudarlo. El segundo fin del arte se caracteriza por despertar la magia interior, la cual surge en la relación médico-paciente donde el arquetipo que se despliega en dicha situación relaciona un héroe épico (paciente), la prueba que debe superar (la enfermedad) y la ayuda que recibe por parte del maestro-auxiliar (el médico). Desde estos fines fundamentales artísticos se sustenta sentimientos de fe y esperanza para que el paciente pueda transitar por el duro camino de conocer lo que le sucede e intentar ponerle remedio.(1)
A pesar de que la educación médica tradicional se ha enfocado en el desarrollo del conocimiento, las destrezas y actitudes ha faltado relacionar el bienestar médico-paciente. Aunque una de las carencias de la educación médica actual radica en la dificultad de relacionar las habilidades médicas con el arte humano, el principal objetivo que se busca que trascienda es lograr que el aprendizaje no sea solo una transmisión de hechos y contenidos, si no mas bien un proceso activo a través del que, a la vez, se desarrollen destrezas, y sensibilidades para toda la vida.(1)
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Gutierrez J.A. La medicina, una ciencia, y un arte humano. Scielo. Educación Médica, 2008; 11 volúmenes (1). Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1575-18132008000500003







:quality(85)//cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/infobae/RF6PP524XBWUUEW3OBWYMBZMHI.jpg)














