Autor: Hugo Calle Galán
Profesor Jubilado de Pediatría de la Facultad de Ciencias Médicas. Universidad de Cuenca

Eran los últimos meses del año 66. La decisión por estudiar la profesión de Hipócrates estaba definida a pesar de los agoreros comentarios sobre lo que significaba estudiar Medicina, puesto que la dedicación que exigía esta carrera obligaba -supuestamente- casi por completo al abandono del mundo con sus pompas y sus obras. No diversión, no fiestas, no novia, normas difíciles de entender a los 18 años de edad.
Sin embargo, la situación era real. Inevitablemente se enlazaron en mi ser pensamientos, emociones y comportamientos que los fui procesando en el futuro con paciencia para “sobrevivir” a este reto que ya era serio y tangible. Pese a todo, las cosas no fueron tan trágicas como se pintaban y ahora mirando desde la cumbre el hermoso panorama del pasado puedo concluir que esas opiniones negativas fueron más bien alentadoras y generadoras de energía y perseverancia.
Muchos dicen que “todo tiempo pasado fue mejor”, no simpatizo con esta idea, pues estoy convencido que todo tiempo que pasó fue simplemente diferente, malo o bueno para el que así lo sentía o para la época que se vivía. Tal vez lo malo de esos tiempos es lo bueno para la actualidad y lo bueno de ahora fue lo malo de entonces. Todo depende de los contextos y del ojo de quien lo mira si se analizan los hechos y acontecimientos de la historia.
Al comenzar el llamado “Premédico” luego, por supuesto, de haber atravesado la valla de los exámenes preuniversitarios: uno de cultura general, otro de conocimientos sobre la Biología y el más estresante el psicológico, nos volcamos a estudiar con tesón; sin embargo, el espíritu crítico y el afán de “comunicar” rondaban por nuestras cabezas. Los pensamientos negativos se volvieron positivos, la emoción por llegar a ser un profesional que ayudaría al ser humano a mitigar sus males acompañados por sentimientos de solidaridad, bienestar y alegría hicieron que nuestras actitudes cambien, pero faltaba algo, decir cosas y compartir con los compañeros era el “¡Ajá!” que nos faltaba y que pronto lo encontraríamos.
Nunca estuvo en mi presupuesto mental el desarrollar otra actividad que no fuera la del estudio responsable, pero… era necesario compartir lo que pasaba en el mundo de los irrepetibles 60 y 70 y por supuesto en nuestra contestataria Universidad. Había que asociarse para ello y allí estuvieron Gustavo Vega D., Ernesto Cañizares A. y Hugo Calle G. para hacer “Pulso”, ese pequeño periódico estudiantil, nacido en Abril de 1969 y que con frecuencias variables según el tiempo: bradicardias, taquicardias, arritmias eventuales, siempre ha reflejado el latido de ese corazón saludable, sincero y combativo de los estudiantes de la carrera de Medicina.
Estas son parte de las vivencias y sentires que a veces pueden quedar invisibles detrás del cascarón de nuestro finito y tangible soma.