En la Edad Media la medicina se encontraba en un estado decadente a causa de prejuicios religiosos, pues la Iglesia menospreciaba la labor médica por el «carácter cruento» que reflejaban los procesos quirúrgicos que llevaban a cabo. De esta forma la práctica manual fue desestimada y se la delegó a barberos o granjeros, por lo que los cirujanos especializados que habían concluido sus estudios formaban parte de un grupo reducido.
Las prácticas quirúrgicas no eran placenteras en absoluto, pues no se las realizaba con anestesia, pero el llevarlas a cabo era de vida o muerte; los procedimientos más populares de la época eran la amputación de extremidades, cesáreas, cirugías ontológicas, operación de cataratas, sangrías, clister.













