Volver a casa: Una oportunidad dentro de la Crisis

Por Edisson Guzhñay Domínguez

Al escribir esto no pretendo hacer entender el “volver a casa” como el hecho de estar encerrado en 4 paredes y en ocasiones no hacer nada de provecho. Lo que quiero compartir es mi experiencia frente a las dificultades que vivimos en estos días. Volver al hogar, al pueblo; quiero hacerles saber a los lectores que hemos vuelto a casa, a nuestra madre tierra.

Es muy cierto que en la Universidad de Cuenca y netamente en la Facultad de Ciencias Médicas existe un gran número de estudiantes que pertenecen a diferentes provincias del país e incluso de otros países; es por ello que a cada uno les invito a tomar como suyas las palabras que escribo.

La emergencia sanitaria dicta que nos quedemos en casa, y muchos de nosotros pudimos retornar a nuestros hogares; ahora bien, no pretendo hablar sobre la educación y las clases, ese es un tema que merece su propio espacio. Pero por un momento pongámonos a pensar cómo nos recibió nuestra madre tierra, no nos ha apartado de su lado, nos ha recibido con gran cariño y alegría. No podemos negar que el cambio ha sido inoportuno pero a la vez mágico, porque nuestras vidas se han reorganizado a tal punto que estamos donde pertenecemos.

Han revivido los campos y los recintos, la agricultura nos da lo mejor de sí, la tierra bendita y generosa nos alimenta; muchos con lágrimas en los ojos disfrutamos de una rica sopita casera, nos tranquilizamos al escuchar a nuestra gente y despertamos cada mañana con un saludo de nuestros familiares.

Con orgullo digo que soy campesino, pertenezco al área rural, acá donde los servicios de salud son escasos, pero que gracias a los conocimientos de nuestros abuelos podemos salir adelante, porque sabemos que no faltará una agüita caliente de canela con limón para nuestro ardor de garganta, así como unas hojitas de eucalipto para respirar mejor.

Horno para la fabricación artesanal de ladrillos.

Hemos vuelto a casa porque a pesar de todo, creo que nos hemos transformado, ya no funcionamos como máquinas, ahora nos preocupa la salud de un familiar, de un amigo, de un vecino, saludamos a todos y compartimos de lo poco que tenemos para que una persona pueda salir adelante un día más.

En mi parroquia, el miedo rondaba por todas partes y no podría decir que ha desaparecido, pero la gente lo va transformando por esperanza, por solidaridad y fortaleza; todos los días soñamos con haber superado la crisis, y no nos rendimos, nos abrazamos con las miradas, con sonrisas y oraciones. La gente ahora se sienta a contar historias y a alegrarse las tardes con pasillos y sanjuanitos desde los pórticos de sus casas. Hemos vuelto a casa, a las tierras coloniales, tierras de leyendas y cuentos.

Iglesia matriz de Sinincay.

Volver a casa quiere decir que ahora valoramos quienes somos, que valoramos a los demás y por ello precautelamos la seguridad; volver a casa significa tantas cosas, no significa encierro, significa una nueva oportunidad, tenemos la oportunidad de tomar un respiro y empezar con más fuerza a cumplir nuestras metas.

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