Los días pasan, el reloj nunca para y sobre todo el tiempo no es compasivo para detenerse a esperar y, es así como hemos llegado ya a los 17 días de cuarenta, 17 días de aislamiento social, para poder salvar a la sociedad. En la mayoría de partes hablan de esta cuarentena como una oportunidad de unión, de estrechar lazos con la familia y sobre todo de valorar la vida, pero todas estas hipótesis que abarcan a una cuarentena de «color de rosa», ¿qué tan certeras son en realidad? El consumo de redes sociales en estos días se ha duplicado y hasta en algunos casos triplicado, hablamos de una cuarentena en unión familiar, cuando en la mayoría de los hogares, únicamente comparten palabras al momento de comer, ya que en realidad llegamos a tener esclavos de la tecnología, personas pendientes de sus redes sociales «24/7», gente que prefiere encerrarse en su mundo virtual a invertir su tiempo en una conversación presencial, hablamos de vivir un ambiente de paz, cuando lo que existe no es más que egoísmo y es ahí donde hemos mostrado nuestro lado animal, nuestro instinto de supervivencia y de velar únicamente por nuestro bienestar, el ser humano es egoísta por naturaleza y en estos tiempos eso se ha podido observar, pues no le importa desabastecer un supermercado dejando sin recursos a los demás, únicamente por su bienestar personal.
Vamos recién 17 días y ya todo es un caos, pero estoy segura que nos quedan como mínimo otros 17 días más, así que no es tarde para poder aprovechar de una cuarentena de paz, da amor a nuestros adultos en casa, que, aunque no lo parezca, son los que más llegan a deprimirse en estos momentos, pues, tú estás joven y te la puedes pasar viendo series, memes o cualquier red social, pero ellos pasan viendo por la ventana cómo su mundo se va acabando y no pueden hacer nada para evitarlo y eso les agobia. Te invito a que en estos días des un poco más de amor a los que viven en casa, porque este virus no ve nada al momento de contagiar y tal vez, en los próximos días puede llegar a ser muy tarde para querer abrazar a aquellos con los que compartes la mesa porque no sabes cuándo uno de ellos puede llegar a faltar.