La lesión cerebral aguda es una de las principales preocupaciones para la salud mundial ya que se asocia a una alta mortalidad y la discapacidad funcional. Se ha profundizado y descubierto que los pacientes con lesión cerebral aguda pueden desarrollar insuficiencia orgánica distal, aun sin enfermedades o infecciones sistémicas existentes. La gravedad de la disfunción de órganos no neurológicos depende de la magnitud de la lesión que haya causado el trauma.
Comenzando con el sistema cardiovascular, este se puede ver afectado por la liberación de catecolaminas y por la liberación local de norepinefrina de las terminaciones nerviosas miocárdicas. Como resultado se produce una citotoxicidad directa, aumento de la demanda miocárdica y el vasoespasmo de los vasos coronarios. Esta situación es relativamente común, y se ha visto en el 13-74% de los pacientes con TEC. Se puede presentar como arritmias, insuficiencia cardíaca, lesión miocárdica, síndrome de Takotsubo y otros síndromes neurocardiogénicos.
La disfunción cardíaca es excepcionalmente relevante en pacientes con daño cerebral agudo, ya que puede resultar en una reducción de la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI). Esto puede provocar hipotensión, gasto cardíaco bajo y disminución del flujo sanguíneo cerebral (FSC), lo que provoca una perfusión cerebral deficiente y empeora aún más el resultado del paciente.
El manejo hemodinámico personalizado adecuado, incluida la implementación de vasopresores, la administración de líquidos y el soporte inotrópico, de acuerdo con la ley de Frank-Starling, debería ayudar a mantener el FSC.
Los pulmones también se ven afectados tras un TEC. El edema pulmonar neurogénico (NPE, por sus siglas en inglés) es una forma de dificultad respiratoria que no puede explicarse ni por insuficiencia cardíaca ni por sobrecarga de líquidos. La NPE puede ocurrir en varias condiciones, tales como: hemorragia subaracnoidea (HSA), hemorragia intracerebral, traumatismo craneoencefálico (TBI), estado epiléptico, hematoma subdural, hematoma epidural y otros estados agudos del SNC. Debido al aumento de presión intracraneal, la perfusión sanguínea cerebral daña al tronco encefálico y al hipotálamo.
Al igual que en la disfunción cardiaca por TEC, aquí también existe una excesiva liberación de catecolaminas lo que conduce a una descarga masiva de señales α-adrenérgicas. Como consecuencia se produce vasoconstricción con el consiguiente aumento de la presión arterial que altera la perfusión pulmonar. La EP se manifiesta como una insuficiencia respiratoria típica. Los pacientes a menudo presentan disnea, taquipnea, cianosis, producen esputo espumoso y los pulmones a menudo se infiltran bilateralmente en las imágenes de rayos X de tórax.
Debido a que el sistema endocrino se ve afectado por la afección a la glándula pituitaria, los sistemas dependientes de las hormonas se lesionas. Tal es el caso del riñón y del sistema inmune. Como consecuencia se puede originar una hiponatremia, hipernatremia y un aumento de la activación del sistema inmune por la afectación esplénica.
De esta manera, se puede concluir, que la lesión aguda del encéfalo no es un acontecimiento aislado, por lo que no se debe enfocar únicamente en este. Se debe valorar y controlar los diferentes aparatos y sistemas, ya que el TEC puede tener diferentes presentaciones.
Autora:
Madelyn Gutiérrez Ávila
Coordinadora de Investigación – CEN
Referencia bibliográfic
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